martes, 25 de junio de 2013

DIE IN YOUR ARMS

Capítulo 1:
    Bueno mi historia no comienza con un "Érase una vez... " sino con el día, o bien, uno de los días más tristes de mi vida.
        Como siempre salí caminando en la mañana hacia mi colegio en Santiago. Era una mañana soleada y podía ver los autos pasar apurados por llegar a la hora mientras yo caminaba sin ninguna prisa, sabía que caminar era más rápido. Al llegar al colegio me encontré con mi mejor amiga Ignacia.
- Hola Josette, ¿qué cuentas? - me preguntó mientras caminaba  mi lado
- Hola... la verdad no mucho, solo que no estudié para la prueba de Lenguaje
- Somos dos - reímos y seguimos caminando hasta la sala de física, la clase aún no comenzaba. Cuando iba entrando Pablo se levantó y tomó mi mochila para llevarla al puesto al lado de él.
- Hola Josette, te ves linda - me dijo sonriendo
- Gracias ¡ Feliz aniversario ! - dije mientras sacaba con cuidado una tarjeta para él
- Y pensar que ya llevamos un año juntos, el tiempo vuela
- Si, el mejor año de mi vida - le entregué mi tarjeta y me abrazó. Fuimos a conversar con unos amigos al otro lado de la sala, estábamos en eso cuando tocó el timbre y nos fuimos a sentar. Llegó la profesora, una señora de avanzada edad, alta y delgada. Comenzó su aburrida clase y parecieron haber pasado años cuando terminó y tocó el timbre.Salimos a recreo y entramos a otra sala, y luego a otra, hasta que terminó el día y pudimos ir a casa.
   Me devolví caminando con Pablo e Ignacia, al llegar afuera de mi casa me despedí y se fueron. Al entrar quedé atónita, no entendía nada. No había ni un solo mueble y estaba lleno de cajas.
- ¿Mamá? - llamé. Sentí como bajo corriendo y me dijo:
- Hija necesito que subas y pongas todas las cosas de tu pieza en cajas. Hay cajas en el pasillo
- ¿Por qué?
- Pregúntale a tu padre cuando llegue, a mi tampoco me ha dicho aun - subí y comencé a poner mis cosas en una caja, de mala gana. Cuando terminé esperé a que llegara mi papá, esperé y esperé hasta que se hizo de noche, eran las 11.30 cuando por fin tocó la puerta.
    Estaba tan enojada con él que baje le abrí, y sin dejarlo pasar le dije:
- Quiero que me digas ahora por qué estamos empacando todo
- ¿La verdad? ¿Te vas a enojar?
- Depende, pero dime de todos modos
- Nos mudamos a Buenos Aires - dijo rápidamente empujándome de su camino para pasar hacia donde estaba mi mamá. Ni siquiera cerré la puerta, dejé que el aire me refrescara y, que si era posible, cambiara mi destino.
 

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