El viaje en auto se hizo eterno, y tenía dos opciones: hablar con mis papás o escuchar música. Me puse mis audífonos, pero no tomé mucha atención a la música, solo hacía de acompañamiento a mi pena.
Luego de unas horas mi papá me dijo:
- ¿Te conté que la casa es muy grande?
- ¿Sabes que no me interesa? - subí el volumen para no escucharlo más. No funcionó:
- ¿Por qué tanto enojo? debes mirar el lado positivo
- ¿El lado positivo? yo te diré el único lado positivo de esto: serás feliz por verme sufrir, espero que se cumpla
- ¿Crees que soy feliz viéndote sufrir? tienes un serio problema niña
- Lo se, se llama papá - fin de la conversación. No se si siguió hablando, solo miré por la ventana y por suerte mi música no me permitía escuchar su voz.
Obviamente no podía ser perfecto, por lo que se le acabó la batería a mi celular y se apagó. Me saqué los audífonos y guardé el celular en mi mochila del colegio que aún tenía los libros y cuadernos del día... o tal vez de la semana. Ese día no me quería, cada unos minutos encontraba un recuerdo que me hacía caer nuevamente en la nostalgia: un papel de dulce en la puerta del auto, una casa parecida a las mi barrio a la orilla del camino, mi mochila que se caía para obligarme a recogerla... en fin, digamos que no fue el mejor día.
Ya que no había nada muy divertido que hacer me apoyé en la puerta y me quedé dormida, de todas formas tenía sueño.
Por alguna razón soñé la continuación de mi sueño de anoche. El lobo gigante, con colmillos del tamaño de un antebrazo y unos ojos enormes de un rojo que brillaba en medio de la oscuridad que me rodaba. Saltó sobre mi y lo único que se me ocurrió hacer fue correrme a un lado, se golpeó en la cabeza con la pared que estaba detrás mío, mientras estaba aturdido corrí y salí del semi cuadrado que me encerraba. Corrí y corrí, pero no sabía adonde. Lo único que había delante mío era oscuridad y el lobo gigante ya no se escuchaba. Me detuve a descansar y vi que poco a poco mi entorno se volvía blanco y se escuchaba una voz, al principio no entendía lo que decía, pero después... preferí que el lobo gigante me hubiera comido:
- ¡Josette despierta! mira el barrio ¡es hermoso! - decía mi papá tan entusiasmado como si se hubiera ganado la lotería. Me refregué los ojos y miré por la ventana. Pasábamos por un barrio con casas enormes, yo diría que ahí vivía gente muy adinerada, pues cada casa tenía al menos dos autos o uno pero Audi o Mercedes Benz. Paramos frente a una casa blanca, con un jardín algo vacío, con solo dos árboles y un par de flores. Nada impresionante.
Bajamos del auto y tomé una de mis cajas, la llevé a la casa y subí al que sería mi cuarto. Lo mismo hice con varias y comencé a desempacar, como ya dije ese día no quería mi felicidad, ni siquiera por ver que mi pieza era enorme, pues lo primero que había en la primera caja que abrí era un marco con una foto de mis amigas y yo. No me di ni cuenta cuando el vidrio sobre la foto comenzó a salpicarse de agua, al parecer, mis lágrimas.
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Gracias por leer, espero les haya gustado. Por favor comenten, enserio sus opiniones me sirven mucho!! Participen también en el concurso :D
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