La caña comenzó a
tirar, se hacía cada vez más pesada.
- ¡Tim! – el
abuelo me miró sonriente - ¡Está tirando, creo que pesqué algo! – tomó la caña
y con mucha facilidad sacó del agua un pez de piel plateada que se retorcía en
el anzuelo para liberarse.
- Me
impresionas Amber, no sabía que pescaras – una sonrisa asomó por entre su barba
blanca
- La verdad
yo tampoco- respondí riendo.
Entramos en la casa y nos dirigimos a la
cocina – una habitación pequeña que tenía lo justo y necesario: un
refrigerador, una cocina a leña, una encimera y pequeños armarios en las
paredes que debían usarse para guardar platos y otro utensilios, todo con un
aspecto antiguo – y puso mi pez sobre una de las encimeras. Salí de la
habitación enseguida, pues sabía lo que seguía, y no quería verlo. Mi abuelo
vivía en una casa de unos dos pisos, a la orilla de una laguna en Charlotte,
Florida. Hace 6 años que no lo veía, pero este verano mi madre accedió a
dejarme venir, y no perdí la oportunidad.
Luego de un rato escuchando como Tim cortaba
a la pobre criatura, llegó a la sala donde yo estaba. Salimos a la terraza – un
pequeño piso con de madera con forma de muelle que quedaba sobre el agua – y
nos sentamos en el borde con los pies en el agua.
- ¿Por qué tu
madre no vino? – me preguntó luego de un rato
- No le gusta
verte, le recuerdas mucho a papá, y eso le duele. – asintió con pena y seguimos
mirando, jugando con los pies entre las algas del agua. Me hacía sentir mal
decirle esas cosas, pero prefiero decirlas de una vez que estar mucho rato con
el tema. Me di cuenta de que estaba con muchas lágrimas en los ojos así que le
dije:
- Voy a
buscar algo de beber, ¿quieres?
- Si, por
favor – no dejaba de mirar al otro lado, como si buscara algo. Me paré y caminé
a la casa, no entré, solo me di una media vuelta y volví en silencio. Cuando
logré estar detrás de ello empujé al agua. No sé cómo lo hizo pero tomó mi pie
y antes de que pudiera darme cuenta estaba en el agua.
- No soy tan
tonto, ¿crees que no me daría cuenta de lo mafiosa que es mi nieta? – reí y me
sumergí. Nadé hasta que no pude aguantar más aire. Me buscaba y cuando estuvo a
punto de encontrarme me hundí de nuevo.
Estuvimos jugando en el agua hasta que
atardeció y se estaba poniendo oscuro. Salimos del agua con la ropa estilando.
Entré, subí a mi cuarto, me sequé el pelo y me cambié de ropa. Lo que más había
en mis maletas era ropa, pues sabía que con Tim tendría que usar mucha, nunca
se sabe qué haremos. Tim siempre fue como un segundo papá para mi. Me iba a
buscar a casa e íbamos a jugar, llegábamos tarde, o a veces se quedaba a dormir
en nuestra casa. Es por eso que me siento como en casa ahora que estoy con el.
En mi casa, en Chicago, me siento como en la casa de otras personas, estoy sola
con mi mamá y con su novio, ellos hacen sus cosas como si yo no existiera… Y a
veces me hacen sentir que mi mamá ha reemplazado a papá, y a mi con el. En
cambio con Tim veo a mi papá, siento que estoy con él y que aunque nos hallan
olvidado, estamos juntos, viviendo mejor que cuando no lo hacían. Es duro ver
cómo poco a poco los que te aman, te reemplazan. Gracias a mi mamá no quiero
tener a ningún novio, ni nada de eso. Siempre le decía a mi papá que lo querría
por siempre, y ahora que él no está lo deja en el basurero junto con su hija y
Tim, para comenzar de nuevo su vida, como si literalmente, nunca hubiera
existido.
Bueno creo que será mejor no hablar de mis
problemas familiares o terminaré odiando a mamá y no querré volver a Chicago.
Una vez que estuve lista y ya no sentía peces en toda mi ropa, bajé a comer
algo.
-
¿Ya tienes hambre? –
preguntó Tim
-
La verdad si, ¿quieres
algo?
-
No gracias – me
sonrió
-
Bueno, adiós me iré
a la cama – le di un beso en la mejilla y él me abrazó – que descanses, nos
vemos mañana – subí al segundo piso y entré a mi cuarto.
Era una habitación pequeña, aunque lo
suficientemente grande para dos camas de una plaza y una cajonera para guardar la
ropa. Había dos camas, una celeste y otra roja, me dijo que eran para sus
visitas, ya que a veces tenía más de un huésped en su casa, pero por ahora y
por suerte, estoy sola, recuperando los 6 años perdidos. Las paredes eran
blancas, con algunos diseños geométricos en amarillo y rojo muy claros. La
cajonera tenía 4 cajones muy grandes y era café, era lo único que no encajaba
en la pequeña habitación. Saqué la maleta de debajo de la cama, y comencé a
dejar la ropa en los cajones, solo usé 3. Me puse pijama – una playera sin
mangas y un short – y me acosté en la cama celeste. Miré el techo, diciendo en
mi mente ¨buenas noches papá, te extraño¨ y antes de darme cuenta estaba
durmiendo.
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Perdonen la demora, no he podido escribir mucho :( pero bueno ahi está, disfrútenlo!!!
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