Podía sentir el calor del sol que entraba
por la ventana, abrí los ojos y me encontré con las pared blanca y unas figuras
amarillas. Estiré los brazos, intentando tocar el techo y me di media vuelta en
la cama… La cama roja estaba ocupada. Alguien dormía, también hacia la pared
por lo que no pude ver su cara. Claramente no era Tim, era un chico como de mi
edad, de pelo café claro. Roncaba suavemente… y se dio media vuelta. Cerré los
ojos como si estuviera durmiendo, luego de unos segundos los abrí un poco y por
suerte él dormía de verdad, no quería que se diera cuenta de que la chica de la
cama del lado lo miraba mientras dormía.
Tenía
el pelo negro y muy desordenado, tez clara y la nariz salpicada de unas pocas
pecas. Tenía pestañas largas y cejas tupidas, debía tener una mirada intensa.
No entiendo cómo alguien puede dormir tanto.
El sol brillaba, hacía un poco de calor y la luz del día entraba por las
ventanas del cuarto. No era que estuviese ansiosa porque despertara ni mucho
menos, simplemente tenía curiosidad por saber quién era. Luego de un rato
mirándolo como toda una sicópata, me di cuenta de que si despertaba y se daba cuenta
de que estaba mirándolo desde hace quién sabe cuánto rato, se asustaría. Me di
la vuelta, mirando hacia el techo y leí una revista de moda, aunque no le tomé
mucha atención. Solo pensaba “si piensa quedarse todo el verano, haré que se
vaya”, en pocas palabras, si pensaba quedarse por todo Mi verano, era un total
intruso, y yo no tolero a los intrusos.
No despertaba, no despertaba, y seguía
durmiendo. Guardé la revista bajo la cama y fui al cuarto de Tim, no había
nadie. Bajé a la cocina y ahí estaba Tim.
- -Hola Amber ¿cómo
dormiste? – me preguntó sonriendo
- -Dormí muy bien pero
hoy en la mañana encontré algo extraño en la cama del lado
- -Yo creo que decir
“algo extraño” es muy maleducado para referirte a una visita
- -Si lo se… ¿por
cuánto tiempo estará esta visita?
- -Hasta que tu te
marches – quería subir y estrangular al chico de arriba
- -Yu ju! – dije con
voz fingida y lo ayudé a preparar el desayuno. Creo que lo he mencionado muchas
veces, pero hace años que no veo a Tim, y creo que es inaceptable que haya invitado
a alguien a “compartir” este verano. ¿Acaso es muy aburrido estar a solas
conmigo que invita a alguien para divertirse más? ¿Es que no le importa lo que
yo piense? De seguro sonará muy prejuicioso de mi parte, pues aún no conozco al
chico, pero lo odio.
-
Solo una pregunta
más – le dije después de un rato – ¿Por qué lo invitaste?
-
Es el hijo de un
viejo amigo mío, y un día le hablé de que tenía una nieta de pelo café claro,
ojos verdes, simpática, cariñosa… y bueno quería conocerte así que aproveché la
oportunidad – no sé si me molesta o me agrada que Tim diga las cosas tales como
son. Una persona normal diría algo como “no se, apareció de repente” pero el
simplemente lo dice. Si algún día comete el peor crimen en la historia de los
crímenes, estoy segura de que diría todo tal y cual pasó.
Terminamos de poner la mesa y servir el
desayuno. Me senté y cuando iba a comenzar a comer – estaba muerta de hambre –
Tim me regañó “hay que esperar al invitado”, de mala gana puse las manos bajo
la mesa y miré por la ventana. La laguna estaba tranquila con pequeñas aves
flotando sobre ella pacíficamente, se podía ver que había un poco de viento puesto
que las ramas de los árboles bailaban suavemente al mismo ritmo.
Luego de lo que pareció ser una eternidad se
escucharon pasos en las escaleras. Un chico alto, delgado, de ojos claros y los
mismos rasgos que vi mientras el dormía, solo que ahora podía ver cómo asomaban
sus dientes, formando una sonrisa.
-
Creo que desperté
demasiado tarde – dijo intentando peinar torpemente su pelo con la mano – Hola,
soy Tyler – esta vez lo dijo hacia mi, aun sonreía. Debía verse patético: un
chico presentándose, con una sonrisa e intentando estrecharme la mano, y yo
mirándolo con una cara de “¿es enserio?”.
-
Hola Tyler, soy
Amber – le dediqué una débil sonrisa y estreché su mano. Tim nos invitó a
sentarnos, a comer tostadas con mermelada y a beber leche caliente. Estuvimos -
bueno estuvieron - todo el tiempo hablando de lo que podríamos hacer durante
ese día: salir en bote por la laguna, ir a caminar, ir al bosque y acampar… yo
solo me limitaba a asentir con la cabeza, mientras no tenga que estar encerrada
en una casa con Tyler y Tim durante todo un día sería feliz.
Finalmente quedamos en que saldríamos a la
laguna y navegaríamos en el bote de Tim, al parecer no sería tan aburrido. Subí
y me alisté para salir; llevé una mochila con ropa extra – como ya mencioné,
nunca se sabe cuándo podría ser necesaria – y un poco de comida. Salí a la
pequeña terraza con forma de muelle y me subí al viejo bote de Tim; pequeño, a
remos y de un color azul mezclado con verde, por el lado estaba escrito “1996”,
probablemente era el año en que lo compró o se lo reglaron. Estaba jugueteando
con los dedos en el agua cuando alguien dice:
-
¿Y de dónde eres? –
preguntó Tyler
-
De Chicago – seguí
jugando con el agua, se subió al bote y siguió hablando.
-
No te gusta mucho
hablar ¿verdad?
-
Tengo una pregunta…
¿cómo conoces a Tim?
-
Mi abuelo, Bill, es
amigo de tu abuelo, y un día se juntaron y yo salí a caminar, luego me perdí, y
él me encontró. Desde ahí que lo veo casi siempre, va mi casa, salimos a
navegar en este bote a la laguna, hacemos caminatas, y generalmente vamos a los
cerros – estuve a punto de decirle “estas haciendo que te odie ¿sabes?” pero me
resistí – y me ha dicho que no lo ves hace tiempo pero nunca me ha dicho por
qué
-
Bueno es un asunto
muy largo que no es de tu incumbencia, así que creo que tendrás que seguir con
la duda – le sonreí y miré a otro lugar, escuché como abría una mochila y
buscaba algo. Me tocó el hombro y me pasó un libro “Viaje al Centro de la
Tierra” un clásico de Julio Verne.
-
Me han dicho que te
gusta leer – dijo aún sonriendo
-
Si, gracias – tomé
el libro y lo guardé en la mochila que llevaba. Realmente estaba siendo muy
amable conmigo, una persona normal se bajaría del bote y no me hablaría nunca
más, o algo así. Pero en lugar de eso, Tyler me da un libro porque le dijeron
que me gusta leer. No lo entiendo. Creo que debería darle una oportunidad… ¿y
qué si es como otro nieto de mi abuelo? ¿eso lo hace mejor o peor persona?
Claro que no. Me giré y comenzamos a hablar de un montón de cosas; el colegio,
la ciudad, su familia… Y en eso llega Tim:
-
¿Listos para una
aventura? – en su mano llevaba una cuerda atada a un gancho, junto a un enredo
de cintas y cascos.
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