domingo, 3 de noviembre de 2013

Caída a la Nada

IV
El bote de Tim era muy lento. Tyler y yo estuvimos todo el tiempo tomando turnos para remar y para preguntar ¿cuánto falta Tim? A lo cual él solo se limitaba a levantar una mano en un signo de espera. Tyler estaba muy callado, lo cual era extraño. Todo el tiempo me miraba como pensativo, como si pensara en decirme algo pero no sabía qué. Como decidí darle una oportunidad y se notaba que estaba aburrido y quería conversar, le hablé yo:
-       ¿Vives por aquí? – parecía impresionado de escucharme hablándole, pues se había tragado mi actuación de que él no me importaba.
-       Si, pero al otro lado de la laguna. Pero siempre que vengo a la casa de Tim lo hago en caballo con mi papá – asentí y le sonreí. No sabía de qué mas halar con él. Es difícil entablar conversación con alguien a quien no conoces, así que callé y miré hacia otro lado.
   La laguna era muy profunda, y al verla desde un lado se veía como un río tranquilo, pero en realidad era una laguna muy grande con una isla en medio. Entre la isla y la orilla debían haber unos 20 metros, por lo que solo bastaba nadar o cruzar en el bote, pero Tim nos hacía dar la vuelta, una vuelta larga que parecía nunca terminar. El día era muy soleado, hacía calor pero de repente había una fresca brisa que movía un poco los árboles, el agua estaba tranquila como un espejo, reflejando el azul del cielo y las blancas nubes.
   Debió haber pasado al menos una hora desde que zarpamos cuando por fin Tim nos dijo que paráramos. Nos bajamos y atamos el bote a un árbol con una vieja cuerda amarillenta. La isla tenía un bosque muy frondoso, y con árboles muy altos y grandes. El suelo era una mezcla de hojas con figuras extrañas formadas por la luz del sol entrando por los huecos de las hojas que seguían en los árboles. Por suerte había mucha sombra y no hacía tanto calor como en el bote. Caminamos hasta llegar a un pequeño claro.
-       Amber – dijo Tim mientras me tendía una mano con un enredo de cintas, lo miré sin saber para qué quería yo eso – se llama arnés, no quieres caerte ¿o si?
-       ¿Caerme de dónde? – pregunté aún sin entender
-       Haces muchas preguntas, ¿Confías en mi? – asentí – bien, entonces póntelo – comencé a ponerlo entorno a mi cintura, Tyler y Tim hicieron lo mismo. El arnés tenía una argolla muy gruesa por delante, creo que eran arneses para hacer canopy, pero no veía ningún cable por entre los árboles. Tim nos pasó las cuerdas que llevó al bote, cuerdas largas con una gancho grande y pesado en uno de sus extremos. Y extrañamente dejó los cascos en el bote. Se me pasaron muchas ideas por la cabeza, como que flotaríamos tirados del bote, o que haríamos un tipo de alpinismo en los árboles… en fin muchas cosas pero nunca se me hubiera ocurrido lo que les contaré a continuación.
   Tyler y Tim subieron a un árbol muy alto y con tanta facilidad como lo hace un gato. Parecía como si tuvieran imanes en manos y pies y como si el árbol fuera de metal, en lugares en donde deberían haberse caído se tomaban de otra rama y continuaban. Obviamente Tim era un poco más lento por su edad, pero le iba pisando los talones a Tyler que subía como impulsado por el viento. “Vine a pasar vergüenza” me decía a mi misma; ellos subían tan hábilmente, y yo subiría luego de una hora lo que ellos subieron en treinta segundos, ya me los imaginaba riéndose mientras yo subía.
   Llegaron finalmente a una rama muy alta, a unos treinta metros del suelo. Iban con los arneses puestos, pero la cuerda enrollada al hombro. Tyler llegó primero y Tim luego de unos segundos, chocaron las manos y ataron la cuerda a la argolla que había por delante del arnés y dejando el gancho en una mano. Tim le hizo a Tyler una señal para que comenzara, asintió y lanzó el gancho con tanta perfección que quedó enrollado y sujeto por una de las puntas, en una rama de más arriba, entre el árbol en el que estaba y otro a unos veinte metros más adelante. Tiró de la cuerda para ver si estaba bien sujeta y … se lanzó. Iba cayendo y gritando como si hubiera caído, por lo que me asusté, hasta que la cuerda se puso tirante y Tyler comenzó a columpiarse de un lado a otro, tomando velocidad y subiendo cada vez más hasta que logró tomarse de una rama.
-       Hace tiempo que no lo hacía – gritó desde la rama, jadeando – ¿te animas Amber? ¿o te da miedo? – claro que me daba miedo, pero quería probarle que no soy la típica chica de ciudad que no hace nada al aire libre. Subí al árbol imitándolos, con la cuerda al hombro y poniendo pies y manos cada vez más arriba. Resbalé unas cinco veces, pero para ser la primera vez en 6 años subiendo un árbol era bastante bueno. Cuando llegué a la rama donde estaba Tim le sonreí, jadeando y el me aplaudió:
-       Muy bien, ahora viene lo difícil – reí y el ató la cuerda a la argolla de mi arnés – la primera vez yo lanzaré el gancho para que quede firme – asentí y tiró la cuerda, que se enganchó justo a un lado de la de Tyler – sujétate de la cuerda – la sujeté con todas mis fuerzas – y grita muy fuerte
-       ¿Qué? – me empujó y comencé a caer y a gritar, veía como el suelo se acercaba y cuando estaba a muy poco de estrellarme contra él me tiró la cuerda y comencé a columpiarme, imitando a Tyler. Comencé a marearme, pues veía ir venir el árbol al que debía llegar, pero nunca lo alcanzaba. Finalmente logré tocar el tronco y ya no me movía, me di vuelta y Tyler me tenía entre sus brazos, vi sus ojos azules de cerca, clavados en los míos. Tal como deduje mientras dormía, tenía una mirada profunda.
-       Te tengo – me sonrió y me soltó
-       Gracias – la cabeza aún me daba vueltas y sentía que todo se movía
-       Para ser principiante te fue muy bien – le sonreí y miramos a Tim.

   Se lanzó y solo necesitó columpiarse dos veces para llegar hasta donde estábamos nosotros. Se rió de nuestros gritos un buen rato hasta que lo empujamos y cayó de espaldas, balanceándose y gritando. Estallamos en risas, mirando su cara de asustado y sus manos intentando tocar algo para sujetarse. Dejó de balancearse y quedó a unos centímetros del suelo, desató su cuerda y se recostó en el suelo, jadeando y mirando hacia arriba, se notaba que la cabeza le daba más vueltas que a mi. Con Tyler estábamos muertos de la risa, y cuando no pudimos más nos lanzamos de nuevo.
-       Yo primero, así te atrapo cuando llegues allá y evitamos que estrelles contra el árbol – dijo mientras reía, y se lanzó, de la misma manera que antes. Lo imité y caí de nuevo en sus brazos, mientras Tim subía de nuevo al árbol para cobrar venganza, por lo que cada vez que estaba cerca de nosotros, nos íbamos a otro árbol.
-       Hay que lanzarnos al mismo tiempo – dijo Tyler luego de un rato huyendo de Tim.
-       Se enredarán las cuerdas
-       No si te sujetas de mi – tomó mi mano y la puso alrededor de su cintura, hice lo mismo con la otra y nos lanzamos, ambos gritábamos y yo sentía cómo sonaba su corazón. Mientras nos columpiábamos, la rama de la que las cuerdas estaban amarradas comenzó a crujir, ambos nos miramos asustados y no nos dimos cuenta cuando la rama se rompió y salimos volando. Caímos en un montón de hojas, sin darme cuenta seguía sujeta a Tyler, sobre él en el suelo. Me ruboricé y lo solté:
-       ¿Estás bien? – me preguntó
-       Si, ¿y tu?
-       Sin contar que caíste sobre mi, bastante bien – reímos y miramos a Tim, que estaba en el árbol aún, y que por suerte alcanzó a desatar su cuerda antes de que lo lleváramos con nosotros. Bajó con lentitud y se paró a nuestro lado.
-       Se me había olvidado decirles que solo soporta el peso de una persona a la vez
-       Demasiado tarde – le dije y se rió.

   Ya estaba oscureciendo cuando llegamos al bote. Nos sacamos los arneses y enrollamos las cuerdas para comenzar el camino de regreso.
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