IV
El bote de Tim era muy
lento. Tyler y yo estuvimos todo el tiempo tomando turnos para remar y para
preguntar ¿cuánto falta Tim? A lo cual él solo se limitaba a levantar una mano
en un signo de espera. Tyler estaba muy callado, lo cual era extraño. Todo el
tiempo me miraba como pensativo, como si pensara en decirme algo pero no sabía
qué. Como decidí darle una oportunidad y se notaba que estaba aburrido y quería
conversar, le hablé yo:
-
¿Vives por aquí? – parecía impresionado de
escucharme hablándole, pues se había tragado mi actuación de que él no me
importaba.
-
Si, pero al otro lado de la laguna. Pero
siempre que vengo a la casa de Tim lo hago en caballo con mi papá – asentí y le
sonreí. No sabía de qué mas halar con él. Es difícil entablar conversación con
alguien a quien no conoces, así que callé y miré hacia otro lado.
La laguna era muy profunda, y al verla desde
un lado se veía como un río tranquilo, pero en realidad era una laguna muy
grande con una isla en medio. Entre la isla y la orilla debían haber unos 20
metros, por lo que solo bastaba nadar o cruzar en el bote, pero Tim nos hacía
dar la vuelta, una vuelta larga que parecía nunca terminar. El día era muy soleado,
hacía calor pero de repente había una fresca brisa que movía un poco los
árboles, el agua estaba tranquila como un espejo, reflejando el azul del cielo
y las blancas nubes.
Debió haber pasado al menos una hora desde
que zarpamos cuando por fin Tim nos dijo que paráramos. Nos bajamos y atamos el
bote a un árbol con una vieja cuerda amarillenta. La isla tenía un bosque muy
frondoso, y con árboles muy altos y grandes. El suelo era una mezcla de hojas
con figuras extrañas formadas por la luz del sol entrando por los huecos de las
hojas que seguían en los árboles. Por suerte había mucha sombra y no hacía
tanto calor como en el bote. Caminamos hasta llegar a un pequeño claro.
-
Amber – dijo Tim mientras me tendía una mano
con un enredo de cintas, lo miré sin saber para qué quería yo eso – se llama
arnés, no quieres caerte ¿o si?
-
¿Caerme de dónde? – pregunté aún sin entender
-
Haces muchas preguntas, ¿Confías en mi? –
asentí – bien, entonces póntelo – comencé a ponerlo entorno a mi cintura, Tyler
y Tim hicieron lo mismo. El arnés tenía una argolla muy gruesa por delante,
creo que eran arneses para hacer canopy, pero no veía ningún cable por entre
los árboles. Tim nos pasó las cuerdas que llevó al bote, cuerdas largas con una
gancho grande y pesado en uno de sus extremos. Y extrañamente dejó los cascos
en el bote. Se me pasaron muchas ideas por la cabeza, como que flotaríamos
tirados del bote, o que haríamos un tipo de alpinismo en los árboles… en fin
muchas cosas pero nunca se me hubiera ocurrido lo que les contaré a
continuación.
Tyler y Tim subieron a un árbol muy alto y
con tanta facilidad como lo hace un gato. Parecía como si tuvieran imanes en
manos y pies y como si el árbol fuera de metal, en lugares en donde deberían
haberse caído se tomaban de otra rama y continuaban. Obviamente Tim era un poco
más lento por su edad, pero le iba pisando los talones a Tyler que subía como
impulsado por el viento. “Vine a pasar vergüenza” me decía a mi misma; ellos
subían tan hábilmente, y yo subiría luego de una hora lo que ellos subieron en
treinta segundos, ya me los imaginaba riéndose mientras yo subía.
Llegaron finalmente a una rama muy alta, a
unos treinta metros del suelo. Iban con los arneses puestos, pero la cuerda
enrollada al hombro. Tyler llegó primero y Tim luego de unos segundos, chocaron
las manos y ataron la cuerda a la argolla que había por delante del arnés y
dejando el gancho en una mano. Tim le hizo a Tyler una señal para que comenzara,
asintió y lanzó el gancho con tanta perfección que quedó enrollado y sujeto por
una de las puntas, en una rama de más arriba, entre el árbol en el que estaba y
otro a unos veinte metros más adelante. Tiró de la cuerda para ver si estaba
bien sujeta y … se lanzó. Iba cayendo y gritando como si hubiera caído, por lo
que me asusté, hasta que la cuerda se puso tirante y Tyler comenzó a
columpiarse de un lado a otro, tomando velocidad y subiendo cada vez más hasta
que logró tomarse de una rama.
-
Hace tiempo que no lo hacía – gritó desde la
rama, jadeando – ¿te animas Amber? ¿o te da miedo? – claro que me daba miedo,
pero quería probarle que no soy la típica chica de ciudad que no hace nada al
aire libre. Subí al árbol imitándolos, con la cuerda al hombro y poniendo pies
y manos cada vez más arriba. Resbalé unas cinco veces, pero para ser la primera
vez en 6 años subiendo un árbol era bastante bueno. Cuando llegué a la rama
donde estaba Tim le sonreí, jadeando y el me aplaudió:
-
Muy bien, ahora viene lo difícil – reí y el
ató la cuerda a la argolla de mi arnés – la primera vez yo lanzaré el gancho
para que quede firme – asentí y tiró la cuerda, que se enganchó justo a un lado
de la de Tyler – sujétate de la cuerda – la sujeté con todas mis fuerzas – y
grita muy fuerte
-
¿Qué? – me empujó y comencé a caer y a gritar,
veía como el suelo se acercaba y cuando estaba a muy poco de estrellarme contra
él me tiró la cuerda y comencé a columpiarme, imitando a Tyler. Comencé a
marearme, pues veía ir venir el árbol al que debía llegar, pero nunca lo
alcanzaba. Finalmente logré tocar el tronco y ya no me movía, me di vuelta y
Tyler me tenía entre sus brazos, vi sus ojos azules de cerca, clavados en los
míos. Tal como deduje mientras dormía, tenía una mirada profunda.
-
Te tengo – me sonrió y me soltó
-
Gracias – la cabeza aún me daba vueltas y
sentía que todo se movía
-
Para ser principiante te fue muy bien – le
sonreí y miramos a Tim.
Se lanzó y solo necesitó columpiarse dos
veces para llegar hasta donde estábamos nosotros. Se rió de nuestros gritos un
buen rato hasta que lo empujamos y cayó de espaldas, balanceándose y gritando.
Estallamos en risas, mirando su cara de asustado y sus manos intentando tocar
algo para sujetarse. Dejó de balancearse y quedó a unos centímetros del suelo,
desató su cuerda y se recostó en el suelo, jadeando y mirando hacia arriba, se
notaba que la cabeza le daba más vueltas que a mi. Con Tyler estábamos muertos
de la risa, y cuando no pudimos más nos lanzamos de nuevo.
-
Yo primero, así te atrapo cuando llegues allá
y evitamos que estrelles contra el árbol – dijo mientras reía, y se lanzó, de
la misma manera que antes. Lo imité y caí de nuevo en sus brazos, mientras Tim
subía de nuevo al árbol para cobrar venganza, por lo que cada vez que estaba
cerca de nosotros, nos íbamos a otro árbol.
-
Hay que lanzarnos al mismo tiempo – dijo Tyler
luego de un rato huyendo de Tim.
-
Se enredarán las cuerdas
-
No si te sujetas de mi – tomó mi mano y la
puso alrededor de su cintura, hice lo mismo con la otra y nos lanzamos, ambos
gritábamos y yo sentía cómo sonaba su corazón. Mientras nos columpiábamos, la
rama de la que las cuerdas estaban amarradas comenzó a crujir, ambos nos
miramos asustados y no nos dimos cuenta cuando la rama se rompió y salimos
volando. Caímos en un montón de hojas, sin darme cuenta seguía sujeta a Tyler,
sobre él en el suelo. Me ruboricé y lo solté:
-
¿Estás bien? – me preguntó
-
Si, ¿y tu?
-
Sin contar que caíste sobre mi, bastante bien
– reímos y miramos a Tim, que estaba en el árbol aún, y que por suerte alcanzó
a desatar su cuerda antes de que lo lleváramos con nosotros. Bajó con lentitud
y se paró a nuestro lado.
-
Se me había olvidado decirles que solo soporta
el peso de una persona a la vez
-
Demasiado tarde – le dije y se rió.
Ya estaba oscureciendo cuando llegamos al
bote. Nos sacamos los arneses y enrollamos las cuerdas para comenzar el camino
de regreso.
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