sábado, 10 de agosto de 2013

DIE IN YOUR ARMS

Capítulo 2:
    Estaba corriendo, de algo, aún no sabía qué cuando en medio de mi camino creció una muralla muy alta. Quise rodearla pero apareció otra y al lado contrario otra más, formándose un cuadrado con solo un lado abierto. Lo que sea que me persiguiera se acercaba y yo no tenía salida. Luego de un rato pude verlo; algo similar a un lobo, con grandes y blancos dientes que relucían mucho sobre su pelaje negro. Estaba apunto de saltar sobre mi cuando:
- ¡Josette! apúrate - era la voz de mi mamá. Abrí los ojos y para mi tranquilidad estaba soñando. ¿Entonces no nos mudábamos? ¿También había sido un sueño? desvié mi mirada del techo solo para desilusionarme con mi pieza llena de cajas apiladas que decían "JOSETTE". Me salí de la cama y comencé a buscar entre mis cosas algo que ponerme. Saqué una tenida y fui al baño.
     Bajé a tomar desayuno y me senté a la mesa:
- ¡Buenos días familia! - dijo mi padre - ¡es un hermoso día para empezar una nueva vida!
- Querrás decir tu nueva vida, porque yo me quedo aquí - respondí enojada
- ¿Ah si? ¿dónde?
- Antes que ir contigo a Buenos Aires vivo en una caja bajo un banco de la plaza - mi voz sonó irónica, como si me estuviera burlando de él. Se quedó callado. Tomé un pan, mi mochila, me despedí de mamá y salí por la entrada principal. Realmente nunca me ha llevado bien con mi papá, siempre arruina las cosas cuando mejor resultan y siempre nos grita a mí y a mi mamá. A veces pienso que si se divorciaran y nos quedáramos a Santiago, mi vida sería perfecta, pero al parecer eso solo existe en los cuentos.
    Entré al colegio y Pablo iba entrando, corrí y le tapé los ojos por detrás:
- Hola amor - dijo mirando hacia arriba
- ¿Cómo sabes que soy yo?
- Lo supongo - le destapé los ojos y lo saludé. Aún intentaba pensar cómo decirle que me voy, y que quizás no nos volvamos a ver...
    Entramos a clase, pero el profesor de Matemáticas no fue por lo que tuvimos el bloque libre. Me acerqué a él y le dije:
- Pablo, tengo que hablar contigo - me miró fijamente con una sonrisa, sin aún entender que debía decirle algo serio
- Te escucho
- Me has dado el mejor año de mi vida, estar contigo ha sido una de las mejores cosas que me han pasado, realmente te quiero mucho y creo que eres una muy buena persona.... pero...
- ¿Pero? - comenzaba a ver en sus ojos un brillo de tristeza
- Pero creo que ahora solo debemos ser amigos - rompí a llorar y lo abracé - Me mudaré a Buenos Aires - me abrazó, pero no lloró. Estuvimos así hasta que logré calmarme.
- ¿Cuándo te vas? - me preguntó
- Hoy en la tarde, de veras que lo siento
- ¿No crees en el amor a distancia?
- No, si voy a quererte quiero que sea estando contigo, no hablando por teléfono - puso una cara aún más triste - no quiero que te sientas mal. Ten otra novia, hay chicas muy buenas en el curso, no tendré problemas con eso, solo tendré problemas si sufres.
- Entonces vivirás con problemas - me abrazó y me besó. Sus labios tocaron los míos y me recordaron muchos momentos felices, creo que esa era la verdadera intención: hacerme recordar todos los momentos felices - No dejaré de ser tu novio. Te quiero mucho y no te voy a dejar. - nos tomamos de la mano y nos abrazamos. Solo quería estar con él, aprovechar su presencia al máximo, pues no sabía en cuánto tiempo más lo vería. Sus ojos grises me miraban con pena, y sus manos apretaban las mías y las llevaban a su pelo castaño claro. Siempre le revuelvo el cabello, y ahora que solo hablaremos desde lejos quizás no lo vuelva hacer.
   Cuando terminó el bloque de matemáticas fuimos a otra clase, y luego a otra. En todas lloraba, despidiéndome de un grupo de personas: mis amigas, mis amigos, los que me caían mal... hasta sus bromas molestas las extrañaría. Finalmente a la salida, salí de la puerta y estaba mi papá, alegre y en el auto cargado con todas las cosas de mudanza más importantes. Abracé por última vez a todo mi curso y besé a Pablo.
- Nos vemos en el baile de fin de curso ¿verdad? - me preguntó con ternura
- Lo intentaré - lo abracé y entré al auto, todos me despedían con la mano y yo con mis lágrimas. Partimos el auto y por la ventana vi lo que alguna vez fue mi escuela, en la que estuve los últimos 11 años de mi vida, en la que encontré a mi verdadero amor.







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